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SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
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Vivir el Catecismo

HOMBRE Y MUJER

La primera palabra que pronuncia el hombre en la Biblia es una exclamación jubilosa por la compañera que le ha proporcionado Dios para que nos esté solo.: "Esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne". La primera declaración bíblica sobre el hombre y la mujer es que Dios los creó, los quiso, como hombre y mujer. No son una coincidencia ni un ciego capricho de la naturaleza sino una idea espléndida de Dios.

 Dos verdades se contienen en este punto esencial:

 Hombre y mujer comparten la misma naturaleza y por ello tienen igual dignidad personal.

 Ambos, son a la vez diferentes y perfectos: semejantes a Dios. Ser hombre o mujer es bueno: Dios mismo lo ha afirmado y querido: "Hombre y mujer los creó".

 Hombre y mujer han sido creados el uno para el otro. Sólo la mujer, como su igual, puede ser la compañía que satisface al hombre. Pero ambos no son por eso partes incompletas. Son personas independientes y como tales se ayudan el uno al otro. Dios mismo les ha conferido a ambos el don del amor mutuo.

  La Sagrada Escritura describe la expresión apasionada del amor de Dios por el hombre con imágenes tomadas del amor humano: belleza, fuego, fuerza indestructible, devoción y fecundidad.

  Pero, ¿por qué ocurren esas continuas y dolorosas desavenencias en las relaciones entre hombre y mujer? Su unión se ve de continuo amenazada por la discordia, el espíritu de dominación, la infidelidad y los celos que provocan conflictos que pueden llegar al odio y a la separación. Este desorden no procede de la naturaleza del hombre y de la mujer o de la naturaleza de sus relaciones, sino del pecado. La brecha que el pecado abrió entre Dios y los hombres también destruyó la original y divinamente deseada armonía entre hombre y mujer. Por el pecado el compañerismo servicial fue suplantado por el deseo de dominar al otro, y la confiada y tranquila convivencia en común se vio infectada por el virus del reproche, el resentimiento o la indiferencia. Solo la Cruz de Cristo ha liberado el amor entre hombre y mujer de los efectos del pecado original y les ha facilitado el camino del encuentro personal entre ambos.

 

Vivir el Catecismo