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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo

 

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO  EN LA LITURGIA

              

El Espíritu Santo es dador de vida.  Como dice San Agustín lo que es el alma para el cuerpo lo es el Espíritu Santo para la Iglesia. Todo lo que está vivo en la Iglesia, participa de la vida de Cristo y ha sido vivificado por el Espíritu Santo. Su presencia es escondida. Su activi­dad se conoce a través de sus frutos. El Espíritu Santo prepara a los hombres al encuentro con Cristo; les manifiesta a Cristo y su palabra; les hace presente a Cristo y los une con Él. Todo ello ocurre de forma especial en la liturgia. Es cierto que somos nosotros quienes celebramos la liturgia pero no es "viva" por lo que nosotros hagamos, organicemos o dispongamos. El verdadero poder de la liturgia viene del Espíritu Santo o mejor dicho de la cooperación entre el Espíritu Santo y la Iglesia. 

Si la liturgia es un encuentro con Cristo necesitamos preparación. Debemos despertar la fe y abrir nuestros corazones. Sólo de esta forma seremos capaces de recibir las gracias que nuestro Señor desea derramar a través de la liturgia. Ningún músico o atleta compite o interpreta sin preparación.

El mismo Dios nos ensena la importancia de un tiempo de preparación a la celebración litúrgica. A lo largo del Antiguo Testamento Dios prepara al Pueblo de Israel y a toda la humanidad para recibir a Cristo. Por eso el Antiguo Testamento nunca debe estar ausente de la liturgia de la Iglesia. Es la escuela donde Dios nos ensena a prepararnos para la venida de Cristo. Nuestro Señor prometió que el Espíritu Santo nos recordaría todo lo que nos dijo. El recuerdo de las grandes obras que Dios ha realizado es siempre parte esencial de la Liturgia. En la Liturgia de la Palabra escuchamos los grandes acontecimientos del Antiguo Testamento; y las palabras y obras de Jesús se graban en nuestra memoria. El Espíritu Santo hace que lo que hemos escuchado penetre en nuestros corazones y se haga vivo, intenso, presente. Lo que recordamos se hace realmente presente. Esto se ve claramente en la liturgia eucarística. A través de la invocación al Espíritu Santo lo que las palabras de la liturgia nos invitan a recordar: "En la víspera de su Pasión..."; ocurre aquí y ahora: Este es mi cuerpo... esta es mi sangre...". No repetimos lo que entonces ocurrió: se nos vuelve a hacer presente. En cada acción litúrgica el Espíritu Santo desea unir a los creyentes con Cristo para que forme su Cuerpo en fraternal comunión.

 

 C.S.

Vivir el Catecismo