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SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
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Viviendo el catecismo

 

EL PECADO ORIGINAL

 

¿Cuál es la fuente del mal entre nosotros, entre hombre y mujer, entre generaciones y pueblos? S. Agustín no encontró respuesta a esta pregunta hasta que encontró a quien conquistó el mal: Cristo. Desde entonces nunca le abandonó la certeza de que el nombre de Jesús significa "Dios salva". Jesús es el "Dios que salva" a todos los hombres. Si es cierto que Jesús ha venido y muerto por todos los hombres, entonces no hay ser humano que no tenga necesidad de El.

   Todos, incluidos los niños. También Él es su Salvador. Pecado original implica en primer lugar que todos los hombres sin excepción tienen necesidad de Jesús, el Redentor. La doctrina del pecado original es de alguna manera el reverso de la Buena Noticia de que Jesús es el Salvador de todos los hombres.

    El pecado original es un misterio de fe: lo conocemos sólo gracias a la Revelación. No puede ser comprendido sólo por el razonamiento aunque se puede demostrar que esta doctrina ofrece una respuesta razonable al acertijo del mal. Por eso es tan importante saber qué es exactamente lo que enseña la fe acerca del pecado original, especialmente cuando están extendidas falsas nociones sobre el mismo.

    La fe nos dice que en el principio de la historia de nuestra estirpe humana, nuestros primeros padres abusaron de su libertad y se levantaron contra Dios. Las imágenes bíblicas metafóricas nos retratan las consecuencias de su elección: Adán y Eva perdieron su cercanía original con Dios y huyeron de Él. El aturdimiento interior les condujo a la mutua recriminación; el deseo de dominio y el desequilibrio de las pasiones se infiltraron definitivamente en las relaciones entre hombre y mujer; la muerte, amenaza anunciada, entró en la historia humana. Lo que describe el Génesis lo experimentamos a diario en el mundo.

    ¿Por qué referirnos al pecado original? ¿Por qué los niños llegan al mundo con esta mancha que hace necesario que se les confiera el Bautismo? El pecado original no significa ninguna culpa personal de los descendientes de Eva. Significa que todos los hombres (excepto la Virgen María) carecen de algo: lo que nuestros primeros padres han perdido al cometer su pecado personal es como una herencia que un antepasado despilfarra, una pérdida tanto para ellos como para nosotros. Y esa pérdida es la cercanía a Dios y la armonía que de ella dimanaba. De alguna manera somos descendientes del hijo pródigo y sólo hasta que Dios nos reviste con las "mejores vestiduras" de la gracia estamos de nuevo seguros y en casa.

El pecado original implica sin embargo que a pesar de la gracia del Bautismo, debemos luchar durante nuestras vidas contra la inclinación al mal. Pero si luchamos con Cristo este "buen combate" nos lleva a la victoria.

 

Viviendo el catecismo

C.S.