principal        conocenos       Antonio     calendarios   estampería  Marilu Capin de Aguilar (poesias) Nati Crespo Aguilar (pinturas)

                                          
Textos en formato pdf
libros
Anteriores
Hojas  Culturales
(Presentación en PWP no automática)
SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo

 

EL INFIERNO

 

  En la gran parábola sobre el juicio de las naciones el Hijo del Hombre dice a quienes están a su izquierda: "Alejaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado por el diablo y sus ángeles; porque tuve hambre y no me disteis de comer..." Jesús nos advierte sobre el peligro de ser arrojados al infierno; habla de un "horno de fuego", de las "tinieblas exteriores" donde sólo existirá "llanto y rechinar de dientes". No son afirmaciones de poca monta. El concepto de condenación eterna tiene un lugar permanente en la enseñanza de Jesús y de sus apóstoles. Por esta razón el dogma está fundado en tierra firme cuando habla de la existencia del infierno y de las penas eternas.

  Igual de claro es, sin embargo, el testimonio de la Sagrada Escritura: "Dios no desea que nadie perezca sino que todos se arrepientan"; desea que "todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". Desea Dios tanto nuestra salvación que llegó a entregarnos a su Hijo. Pero desea que nos salvemos con nuestra cooperación. Nos creó sin nosotros. Pero no desea salvarnos sin nosotros, dice S. Agustín. Puesto que hemos sido creados como seres libres, es adecuado a nuestra dignidad que Dios no nos fuerce a decir Si a su amor.

Jesús se queja de la obstinación de Jerusalén: "¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos y tú no quisiste". El amor de Dios espera nuestro asentimiento hasta el último momento. El criminal que moría junto a Jesús y se volvió hacia Él fue salvado: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". Pero ¿qué ocurre si uno se obstina en decir que No hasta el final? Como Dios no ha predestiñado a nadie al infierno la obstinación en el pecado mortal hasta el final, el volverse de espaldas a Dios voluntariamente es lo que causa la condenación. El catecismo define el infierno como un estado de autoexclusión de la comunión con Dios y con los santos. "Las puertas del infierno están cerradas por dentro" dice el escritor inglés C.S Lewis. Y anade: "En el cielo dice el hombre a Dios `hágase tu voluntad'. En el infierno es Dios quien se lo dice al hombre".

¿Existen hombres que dicen para siempre No a Dios? Así como la Iglesia afirma que existen quienes, los santos, han dicho Si a Dios hasta el final no declara que ninguno este con seguridad en el infierno. Pero ensena que los ángeles caídos permanecen eternamente en el infierno, alejados de Dios.

Nadie puede hacerse eternamente feliz. Puedo, sin embargo, hacerme eternamente desgraciado. Puedo rechazar la gracia de la conversión. El infierno es una posibilidad real para cada uno de nosotros. Por eso la iglesia reza fervientemente por todos los hombres para que sean librados de la condenación eterna y sean contados entre los escogidos.

 

Vivir el Catecismo