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Marilú Capín de
Aguilar
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EL HOMBRE
Hace más de 30 años el Concilio Vaticano II aún podía decir; "Creyentes y no creyentes coinciden casi unánimemente que todas las cosas de la tierra deben ser ordenadas al hombre como a su centro y cumbre." Hoy en día muchos ven al hombre como quien destruye la naturaleza, como quien perturba su paz. ¿No es presuntuoso elevar al hombre por encima de las demás criaturas? Hace años, Adolf Portmann, el gran biólogo de Basen, ya había escrito: " No está lejano el tiempo en que creíamos que los colores de las mariposas, los trinos de los pájaros y los esplendores de las flores había sido creados para nuestro deleite. Este agradable engaño, por el que nuestra existencia se elevaba por encima del resto de la vida, ha sido demolida tras nuestro primer vistazo a las eternamente agitada profundidades del mar”. Es cierto: el mundo submarino no tiene relación directa con nosotros como no la tiene la arrolladora expansión del universo. Sin embargo, sólo el hombre puede penetrar en las profundidades del mar y del espacio exterior y descubrir, aunque sea un poco, sus misterios. Sólo él puede darse cuenta de lo mucho que ignora. La grandeza del hombre no radica en su fuerza -el león es mucho más fuerte y la gacela mucho más rápida- sino en su naturaleza intelectual y espiritual; sólo él puede conocer y amar y por eso mismo reconoce que conoce y ama. Por eso el Concilio dice que el hombre "es la única criatura en la Tierra a la que Dios ha querido por sí misma". Y el catecismo nos dice que "Solo él está llamado a compartir por el conocimiento y el amor, la propia vida de Dios". La grandeza del hombre radica en que puede llegar a ser amigo de Dios. Todo el que ve al hombre simplemente como una pieza más de la naturaleza, como quien no tiene otro objetivo más allá de la vida terrena, encontrará que las afirmaciones del salmista son exageradas. iQué diferente es para quien acepta la Palabra de Dios que nos dice que el hombre ha sido creado a su imagen! Y este único rasgo es el que expresamos al decir que es un ser "personal". Persona, es decir, no un simple número más de una serie, sino un Yo, querido, amado y llamado por Dios. Quienquiera que dice persona, dice también comunidad: tú también, no eres algo sino un alguien, un Yo, amado por Dios como me ama a mí y llamado a la vida eterna. Por eso todos los hombres somos hermanos.
C.S. |
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