|
principal conocenos Antonio calendarios estampería Marilu Capin de Aguilar (poesias) Nati Crespo Aguilar (pinturas) |
|
|
EL CIELO El artículo conclusivo de la profesión de fe se refiere a la vida perdurable. Resurrección y vida para siempre abren la perspectiva de la vida del mundo que ha de venir, de los acontecimientos finales para el hombre: juicio y purificación final (Purgatorio), cielo o infierno como felicidad o infelicidad definitiva. La muerte es la antesala de la vida eterna. Al considerar las postrimerías o últimos estados de la vida del hombre es importante hacer ciertas consideraciones desde el principio. El Concilio afirma que "El estado definitivo del mundo ya está entre nosotros". Desde la venida de Cristo, desde su encarnación, muerte y resurrección, ya ha llegado la perfección, ya se nos ha conferido la nueva vida imperecedera. Se nos dice en la liturgia del domingo de Pascua: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad pues las cosas de allá arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios". La vida duradera ya ha comenzado: "Unidos con Cristo por el Bautismo, los creyentes ya participan verdaderamente de la vida celestial de Cristo resucitado". El paso de la muerte a la vida eterna no comienza con la muerte corporal. Dice S. Pablo que "Para él vivir es Cristo" y todo lo que nos acerca a Cristo significa ya desde ahora vida eterna . Dice S. Pablo: "Mi deseo es partir para estar con Cristo porque mientras estamos lejos del Señor caminamos por la fe no por visión. Sólo entonces veremos a Dios tal como es, “cara a cara". Este es el objetivo que todo hombre consciente o inconscientemente aspira a conseguir. Y S. Agustín apostilla. "Allí descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos. Pensad en lo que será un final sin final. ¿Qué otro final puede haber que alcanzar un reino sin fin? El cielo es la comunión con Dios trinitario, con maria, con los ángeles y los santos. Estar en el cielo es estar con Cristo. La gloria del cielo excede todo lo que podemos imaginar "Ni el ojo vio, ni el oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman". Pregustamos el cielo si tomamos el camino del amor. En su poema "Mi gozo" Teresa de Lisieux alaba este cielo en la tierra: "Me gustaría mucho vivir más Señor si ese es tu deseo. Iré contenta al cielo si ese es tu deseo. El amor, este fuego celeste que procede de la casa del Padre, no cesa de consumirme. Muerte o vida, ¿qué importancia tienen? Mi gozo, Jesús, es amarte." El cielo está presente donde hay amor; Cristo ya nos lo ha traído.
C.S. |
|