Antonio                   Marilu Capin de Aguilar (poesias)                  

                                    

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Vivir el Catecismo

 

EL AnO DE LA IGLESIA 

     Cuando dejamos el tiempo de Pascua entramos en el "Tiempo ordinario", el tiempo en que el sacerdote se reviste de casulla verde para celebrar la misa. Llegará hasta la festividad de Cristo Rey. El Nuevo ano litúrgico comienza con el primer Domingo de Adviento. ¿Qué significado tiene el tiempo ordinario? ¿Cada ano lo mismo, continuamente repetido, con la única diferencia de que al volvernos mayores nos parece que los años pasan más rápido? Las grandes religiones de Asia, Hinduismo y Budismo, contemplan el tiempo como una perpetua rueda continua que tras muchísimos años vuelve al mismo punto de partida. Esta idea esta ligada con la de renacimiento o reencarnación extendida en esas culturas y ahora bastante común en la nuestra.

     La idea cristiana del tiempo es completamente diferente. El ano litúrgico de la Iglesia nos imprime una nueva concepción del tiempo. El tiempo litúrgico se define por un hecho central, por un hecho que hace nuevo todo lo demás: la Pascua de Cristo, su muerte y resurrección. Desde la Pascua el tiempo es diferente. Es como un crecimiento ascendente en espiral. Nunca más rodará hacia la muerte como nuestras vidas, porque está lleno de la nueva vida de Cristo.

    Todo el que recorra el ano litúrgico con la Iglesia comprobará como su entendimiento del tiempo es transformado. El ano, la semana, el día... adquieren un nuevo "sabor'. Se hacen más ricos, densos, vitales. La fiesta de Pascua lo ilumina todo con sus rayos: es el centro y el culmen del ano litúrgico. A partir de ella se desarrolla todo el ciclo litúrgico. En su centro esta la "Gran Semana" (como llaman los cristianos de oriente a la Semana Santa), precedida por las siete semanas de Cuaresma, tiempo penitencial en las que preparamos nuestra regeneración a través de la muerte y Resurrección de Cristo, y seguidas por las siete semanas de Pascua que pretenden insertarnos en la nueva vida de Cristo, y que culminan en Pentecostés cuando somos enviados por el Santo Espíritu como sus testigos.

    El segundo gran grupo de fiestas del ano litúrgico tiene por centro Navidad, el misterio de la venida de Dios a nuestra pobre humanidad, para traernos su luz y vida.

    A lo largo del ano celebramos todos los grandes acontecimientos de la vida terrestre de Jesús: su Circuncisión y Presentación en el templo; sus cuarenta días de ayuno en el desierto; su bautismo y Transfiguración y entonces, domingo tras domingo, en realidad día tras día, los trabajos y las obras de Jesús tal como son relatados en el Evangelio. Pascua, no obstante, se erige siempre como el centro de todo.

 C.S.

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