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DIOS ES UNO Y TRINO
Cada vez más a menudo los cristianos se preguntan como es posible reconciliar la fe en la unidad de Dios y que Jesús se Hijo eterno de Dios, Él mismo Dios, y que el Espíritu Santo, también Dios, sea adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo. Para el Islam esto no sólo es una contradicción: es también herejía. Dios es uno: por esto prohíben alabar a Jesús como Hijo de Dios y como Dios. Para el Judaísmo, también, esto es inaceptable. Somos bautizados y comenzamos nuestra oración «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» no en los nombres (plural) sino el nombre (singular). Porque no creemos en tres dioses sino en que Dios es trino y uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creer en la Santísima Trinidad no es posible por medios humanos: es un misterio que trasciende la razón de forma completa y absoluta. No obstante, cuando en la fe lo aceptamos, descubrimos que todo lo ilumina. El más íntimo misterio de Dios es este de la Santísima Trinidad y todo lo que creemos acerca de Dios y sus obras está relacionado íntimamente con este misterio. Dios es un misterio de amor. El Hijo es eternamente engendrado del Padre, no como una criatura sino como «luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero». El Espíritu procede eternamente de ambos, es la tercera persona de la Santísima Trinidad «uno e igual al Padre y al Hijo». A causa de esta unidad en el ser, el Padre esta enteramente en el Hijo y enteramente en el Espíritu Santo y viceversa. Ellos constituyen un solo Dios. Por ello todas las obras de Dios pertenecen a la Trinidad. Sin embargo cada una de las personas tiene su propia forma de actuar. Del amor del Padre todo se origina; a través del Hijo recibimos toda la gracia y el amor del Padre y así como el Padre y el Hijo son uno en comunión con el Espíritu Santo, así todos estamos llamados a conocer y vivir su amor ahora y para siempre, entrando en la bendita comunión de Dios uno y trino.
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