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CUERPO Y ALMA Reflexionar es diferente a digerir alimentos. Y sin embargo ambos tipos de actividades pertenecen a la misma persona."Yo" tengo un dolor de muelas. "Yo" disfruto escuchando música. Dos mundos diferentes -alma y cuerpo- unidos en una sola persona que los unifica. Esta verdad es comprensible para la razón. Desde siempre han existido ideologías que la niegan con fatales consecuencias. El materialismo ve al hombre sólo como parte del mundo material. El gnosticismo y otras corrientes esotéricas hoy en boga lo ve, como un espíritu enterrado en una mundo material extraño a él. La fe viene en ayuda de la razón para confirmar que el hombre está compuesto de espíritu y materia. El relato bíblico lo expresa de forma gráfica: Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en él el hálito de vida. Ambos, cuerpo y alma, son obra de Dios. Pero a través del alma el ser humano es semejante a Dios. Por eso el alma vale más que el cuerpo. Lo han sabido los mártires de todos los tiempos. El anciano Eleazar en el Antiguo Testamento resiste las presiones para desobedecer a Dios diciendo: "Mi cuerpo sufre terriblemente por los golpes pero mi alma es feliz por permanecer fiel a Dios". Cristo mismo nos dice: " No temáis a los que matan al cuerpo pero no os pueden matar el alma; temed más bien al que puede destruir cuerpo y alma en el infierno".
El hecho de que el alma sea superior en dignidad al cuerpo no significa que se tenga que odiar el cuerpo. Dios mismo confirmó su valor tomando forma humana en la Encarnación. Cristo nació en forma corporal, creció físicamente y su cuerpo está glorificado a la diestra del Padre. Estamos unidos a Él mediante los sacramentos, especialmente del sacramento de la Eucaristía. Formamos un cuerpo con Él, somos sus miembros."No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?", dice S. Pablo. Ambos, cuerpo y alma, fueron creados por Dios. " El cuerpo no está destinado -afirma S. Pablo- para la inmoralidad sino para el Señor.". Por eso debemos respetar el cuerpo., el nuestro y el de nuestro prójimo especialmente aquel del que padece. "Glorificad a Dios en vuestro cuerpo".
C.S. |
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