principal        conocenos       Antonio    anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
Anteriores
Hojas  Culturales
María entre nosotros

(Presentación en PWP no automática)
SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
pinturas

Marilú Capín de Aguilar
poesías

 

 

 

 

Vivir el Catecismo

 

CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS

No ha habido, hay ni habrá ningún ser humano por quien Cristo no haya padecido. Cristo no murió por casualidad ni su muerte fue un trágico accidente o un accidente imprevisto. Jesús se entregó a la muerte siguiendo un plan definido y previsto por Dios. Los que ciegamente le llevaron a la cruz obraron por permisión de Dios para que se cumpliera su plan de salvación.

Todo el camino terreno de Jesús estuvo guiado por un único objetivo: la redención del hombre, ese bautismo con el que debía ser bautizado, el sacrificio de su vida para la reconciliación del mundo. La única explicación del deseo de Jesús no es otra que el amor de su Padre, un amor que hizo suyo. Reconciliación, redención, expiación, rescate... todas estas expresiones de la Sagrada Escritura giran en torno a la gran verdad de ese misterio de la fe: "Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo con las escrituras".

En la víspera de su muerte Jesús descubrió el más íntimo secreto de su corazón al pequeño grupo de sus discípulos. Al partir el pan y repartirlo dijo: "este es mi cuerpo que se entrega por vosotros". Y al tomar la copa y pasársela dijo: "Esta copa que se derrama por vosotros es la nueva alianza que se realiza con mi sangre". Con estas palabras les muestra por qué va a la muerte libre y voluntariamente: ofrece su vida por ellos como les ofrece el pan y el vino. Pero hace mucho más todavía: el pan y el vino se convertirán en su propio cuerpo y sangre y lo que realiza en la cruz se realiza también en la última cena y desde entonces en cada celebración eucarística se ofrece por nosotros. La muerte de Jesús fue un sacrifico, un sacrificio perfecto y es perfecto porque proviene del amor. "No hay mayor amor que el del que da la vida por sus amigos". Solo el amor puede realmente reconciliar. Por su infinito amor Jesús reparó los pecados producidos por nuestra falta de amor, los corrigió a través de su amor. Por eso la cruz es el victorioso símbolo del amor.

 

Vivir el Catecismo