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SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
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Vivir el Catecismo

 

CREO EN LA IGLESIA

                      Creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero no creemos en la Iglesia.

                     La fe, en el estricto significado de la palabra sólo se debe a Dios, sólo a Él podemos entregar nuestro corazón, mente y voluntad. De esta forma no creemos en ninguna criatura, ni siquiera en la Iglesia. La salvación viene sólo de Dios pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ella es nuestra madre. Creemos en la Iglesia como madre en nuestro nuevo nacimiento pero no en la Iglesia como autora de la salvación.

Esa es la razón por la que en el credo profesamos la existencia de una sola santa Iglesia pero no decimos que creemos en ella para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir claramente a la bondad de Dios todos los regalos que ha derramado sobre su Iglesia. La Iglesia no tiene otra luz que la de Cristo: es como la luna que recibe toda su luz del sol.

  Nunca reflexionaremos suficientemente sobre esta gran verdad: la Iglesia es totalmente dependiente de su fuente fundamental, el Dios uno y Trino. De Él proviene su vitalidad. Si fuera únicamente una institución humana no habría soportado todas las tormentas, ni tendría poder para renovarse y rejuvenecer continuamente. Todas las imágenes y nombres para caracterizarla aluden a esta dependencia que no implica falta de libertad en la Iglesia sino que entraña el misterio más esencial de su vida: ella es el pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo y por eso es llamada su Prometida y Templo del Espíritu Santo. Cuanto más entendamos así a la Iglesia, tanto más estaremos en sintonía con lo que fue el más profundo deseo del Concilio y de Cristo mismo: que a través de la Iglesia la luz del Evangelio pudiera brillar sobre todos los hombres.

 

Vivir el Catecismo