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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo

 

CONTRICIÓN Y CONFESIÓN  

Son cinco los requisitos del sacramento de la Penitencia: examen de conciencia, contrición por los pecados, propósito de enmendarse, confesión de las culpas y cumplimiento de la penitencia. Si falta uno de ellos la confesión no es completa y el sacramento no existe. ¿Qué es la contrición? El filósofo Max Scheler escribió palabras ilumiñadoras sobre esta cuestión en su libro "Arrepentimiento y Regeneración". Primero muestra los obstáculos para comprender correctamente, hoy en día, el significado de la contrición. Por ejemplo tómese como ejemplo la actitud de quien dice: "¿Por qué debo arrepentirme de lo que ya no puedo cambiar? ¡Lo que está hecho, está hecho! No tengas remordimiento, sigue adelante. Contrición es pesar; es temor al castigo; es el miedo a ser descubierto; es la tristeza que sientes tras haber hecho algo; es el intento de aligerar una conciencia torturada infligiéndose un castigo".

Estas o semejantes opiniones están sumamente extendidas. Pero se ven como caricaturas de lo que es la verdadera contrición. El Concilio de Trento menciona tres características de la verdadera contrición: "dolor por el pecado cometido unido a la resolución de no pecar de nuevo". El camino del arrepentimiento puede ser largo. Puede comenzar por un vago sentimiento, una sensación no confortable de que algo no va bien. La situación se va aclarando cuando de repente, o poco a poco, me doy cuenta dolorosamente de que he obrado mal y deseo enmendarme. Esto marca ya una brecha en nuestro orgullo, en nuestro exagerado sentimiento de la propia importancia. Es ahora cuando el acto que cometí o que dejé de realizar se ve tal como es: el mal que hice o el bien que rechacé hacer. Las consecuencias pueden ser dolor de corazón y rechazo del mal cometido.

  Cuando reconozco mi falta podemos ver como la contrición conduce a la regeneración. Reconozco que debí obrar de diferente manera. Nace la esperanza. Me atrae el bien que me negué a realizar. Me puedo comprometer a no hacerlo de nuevo o al menos puedo anhelarlo de corazón. La contrición me abre un nuevo futuro.

  Esta nueva actitud es siempre un don de Dios, una iniciativa del Espíritu Santo. La contrición es perfecta cuando el arrepentimiento es de haber ofendido al Amor. Se llama imperfecta cuando lo que la motiva es el miedo a ser castigado. La contrición mueve a la confesión, no a una concreta confesión a alguien sino a que se conozca el pecado del cual estoy arrepentido. Solo confesándolos me responsabilizo de mis pecados, me son perdoñados, los supero y de esta forma me abro a la reconciliación (CCC 1455).

  ¿Pero por qué debemos hacer la confesión a un sacerdote? "Si la persona enferma está demasiado avergonzada para mostrar su herida al doctor, la medicina no puede curar aquello que desconoce" (San Jerónimo). En la confesión muestro al sacerdote incluso las heridas escondidas de mis pecados de manera que él puede curarlas con el perdon de Cristo.

 

 

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