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Marilú Capín de
Aguilar
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CONCEBIDO POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
Cada domingo profesamos en el credo que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de María Virgen. Este es el primer artículo de fe acerca de Jesucristo. Inmediatamente es seguido de la declaración de sus sufrimientos, crucifixión, sepultura y Resurrección. Profesamos pues lo esencial de la fe. La Encarnación se pone al mismo nivel que la Crucifixión y Resurrección. Y, sin embargo pocos otros artículos de la fe se cuestionan tanto como éste. Ya en el primer siglo del cristianismo judío y pagano hacían burla de esta fe cristiana. Sólo hay una posible explicación del por qué desde el principio la Iglesia profesó en sus declaraciones de fe, la concepción virginal de Jesús: lo sabia a través de la tradición apostólica que se remontaba a la misma Virgen María. Sólo María conocía el secreto de la concepción de su Hijo. Fue la primera que creyó que «para Dios no hay nada imposible». Y S. José la siguió, creyendo en el mensaje del ángel que el niño fue concebido en María «por obra del Espíritu Santo». Así como María y José creyeron en ese incomprensible y sin embargo real acontecimiento, del mismo modo somos nosotros invitados a aceptar este misterio y acogerlo en nuestros corazones. Si estamos dispuestos a hacerlo se nos desvelará a nuestra reflexión creyente por qué Dios se hizo hombre precisamente de esta forma. «Lo que la fe Católica cree acerca de María esta basado en lo que cree acerca de Cristo y lo que enseña acerca de María ilumina a su vez nuestra fe en Cristo». Si decimos Sí con todo nuestro corazón y mente, en la fe, al gran misterio de la Encarnación de Dios, si verdaderamente creemos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, no nos resultará difícil creer también que como hombre nació de María Virgen. Cristo nació «no de voluntad carnal o voluntad humana sino de Dios». Su venida señala el nuevo comienzo de una humanidad envuelta en una historia de culpa y muerte. Este nuevo comienzo solo podía ser realizado por Dios mismo. Desde su concepción Cristo «estuvo lleno del Espíritu Santo» y por eso esta definido en su naturaleza y actividad por el Espíritu. El es el hombre nuevo, comienzo de una humanidad nueva y redimida. Así como por la fe de María fue concebido, del mismo modo a través del Espíritu Santo debe ser formado dentro de nosotros.
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