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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo

 

AMÉN  

    El credo acaba con la palabra Amén. Puede traducirse esta palabra de dos formas: "Así es" o "Así sea". Ambas están justificadas y ambas resumen lo que el creyente afirma al decir "Amén" cuando acaba de recitar el Credo: "Sí todo lo que acabo de afirmar como fe de la Iglesia es verdadero"; y también "Que así sea en nuestra vidas".

    La raíz semántica de Amén es la misma que "creer": ser sólido, de fiar, creyente. Por eso la primera y ultima palabra se corresponden: "Creo... Amén". El amén refuerza la fiabilidad de aquello en lo que creemos. Vale la pena traer de nuevo a la mente esta especial cualidad de la verdadera fe, su fiabilidad: confianza ilimitada en lo que cree. La fe es cierta, más que cualquier conocimiento humano porque está fundada en la palabra de Dios que nunca miente". Esta afirmación es tanto más sorprendente cuanto más somos conscientes de lo débil que es nuestra fe. Sin embargo si lo contemplamos en referencia a aquel en quien creemos nos encontramos asentados en suelo firme. Lo que creemos nos puede parecer oscuro, algo que no podemos captar, pero es cierto porque Dios es fiel.

    La Sagrada Escritura gusta de citar dos de los atributos de Dios emparejados: su bondad y su fidelidad., o como cita el Nuevo Testamento su amor y su verdad. Las palabras "fidelidad" y "verdad" tienen la misma base semántica que "creer" y "Amén".

    Sólo Dios es verdadero, sólo en Él se puede confiar. Sus palabras no enganan. Dios es la misma verdad. Por eso el profeta Isaías habla del Dios del Amén, esto es del Dios de la verdad.

    El Amén de Dios es el mismo Jesucristo. Todas las promesas de Dios encuentran su "sí" en "Él". El es el definitivo Amén del amor del Padre por nosotros. El Amén del final del Credo expresa nuestra ala­banza maravillada y agradecida del Dios incomprensiblemente fiel y amoroso que en Cristo nos da todo.

    Cuando acabamos nuestras oraciones con "Amén" hay como una resonancia del segundo significado de esta Palabra: "¡Que así sea". Este sentido es fundamental en el implorante "Amén" del final de la Escritura: "Amén, ven Señor Jesús". En él esta implícitamente la súplica de que Dios puede realizar lo que ha prometido, que lo que ha hecho y dicho puede ser realizado para nosotros. Nuestra fe está en peligro. Podemos naufragar. Debemos rezar por el don de la perseverancia. Para permanecer fieles hasta el final debemos suplicar a Cristo, el Fiel, que tome nuestro débil "Sí" y lo incluye en su "Amén Padre", para completarlo. Sin su gracia no podemos llegar a la vida que no acaba que nos ha prometido, que Él mismo es. ¡Gloria a Él, a Él todo nuestro amor! Así es. Así sea. Amén.

  C.S.

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