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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

Vivir el Catecismo

              

LA CONFESIÓN... ¿EL SACRAMENTO OLVIDADO?

 

    El primer regalo de Jesús Resucitado a sus discípulos fue paz y ale­gría: "¡La Paz sea con vosotros!". Este fue su saludo cuando entró en el cenáculo. "Y los discípulos se alegraron al ver al Señor". Esta paz y alegria no se dirige sólo a ellos. Por eso les envía: "Como el Padre me envió así os envío yo a vosotros". Y les da medios para realizar su misión: "Recibid el Espíritu Santo: a quienes les perdonéis los pecados les serán perdoñados y a quienes se los retengáis les serán retenidos". El Salvador con sus palabras y vida ha querido que la Iglesia sea signo e instrumento del perdon y reconciliación que nos obtuvo al precio de su sangre. Confió el poder de absolver los pecados al ministerio apostólico.

    En el curso de los siglos la expresión externa del ministerio de la con­ciliación ha sufrido diferentes cambios. Al principio la Iglesia imponía  severas penas y penitencias a quienes habían cometido graves pecados de notoria resonancia pública. Las penitencias podían ser públicas y durar toda la vida. Esta penitencia, que incluía la exclusión de la comunión eucarística, se miraba como una segunda plancha de salvación después del naufragio en que consistía la pérdida de la gracia.

Las rigurosas penitencias de los primeros tiempos del cristianismo se mostraron con el tiempo humana y pastoralmente intolerables y en la Edad Media, sobre todo bajo la influencia de los monjes irlandeses, evolucionó hacia la penitencia y confe­sión privada y auricular y recepción de la absolución antes de cumplir la penitencia. Pero... ¿estamos actualmente a las puertas de un nuevo cambio? Pocos de los sacramentos han sufrido un declive tan grande como este. ¿Se ha desvanecido la conciencia de pecado? ¿Ha tenido influencia la disminución de sacerdotes?

Dondequiera que la Iglesia resurge hoy en día también se redescubre el sacramento de la penitencia. Lo que los discípulos experimentaron en la tarde del día de Pascua ocurre de nuevo: el Señor resucitado, a través del Santo Espíritu, derrama reconciliación y paz.

 

 Vivir el Catecismo