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Marilú Capín de
Aguilar
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VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE Desde sus orígenes la fe cristiana ha reconocido que Jesucristo siendo Dios tomó la condición de hombre pasando por uno de tantos. La Iglesia ha tenido siempre que defender ambas realidades -divina y humana- unidas en la única persona de Jesucristo. El Concilio de Calcedonia definió que Jesucristo es "verdadero Dios y verdadero hombre, uno y el mismo, en dos naturalezas sin confusión, cambio, división o separación.” Este misterio posee un potencial contemplativo inacabable especialmente si contemplamos la vida de Jesús a la luz de esta perspectiva. Todo lo que Jesús hace, dice y sufre es divino-humano. El Hijo de Dios trabajó con manos humanas y pensó con mente humana. Actuó con voluntad humana y con corazón humano amó. Nacido de la Virgen María se convirtió en uno de nosotros menos en el pecado. ¿Cómo puede entenderse que el Hijo de Dios sea también hombre? ¿Lo conocía todo, podía hacer todo, sufrió como nosotros? El evangelio afirma que siendo niño crecía en sabiduría y edad ante Dios y ante los hombres. Podemos asumir que Jesús aprendió muchas cosas de la existencia humana. Por otra parte, no observamos en Él la menor duda. Sus palabras no son vacilantes o como si anduviera a tientas sino que fluyen con fuerza arrolladora: "Nadie ha hablado como este hombre". Jesús estaba familiarizado con el modo de pensar de los hombres porque "sabia lo que hay dentro de cada hombre". Sabe lo que el hombre piensa incluso antes de encontrarse con él como fue el caso de Natanael. En tres ocasiones predijo su Pasión y Resurrección a sus discípulos. Pero por encima de todo, desde el principio, sabía que estaba unido de forma especial al Padre Celestial. "¿No sabías que debemos estar en la casa de mi padre? ¿Puede hacerlo todo? Si creemos el testimonio de los Evangelios debemos declarar con sus discípulos: "¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen? Curaciones de todo tipo, incluso de ciegos de nacimiento, el milagro de la multiplicación de los panes, resurrecciones de muertos ... pero sobre todo la autoridad que exhibe para perdonar los pecados.. Todo eso nos convence de que Jesús no actúa sólo con poderes humanos sino de que es Verdadero Dios y Verdadero hombre. No se observa mejor su divina humanidad que en el misterio de su corazón: "Me amó y se entregó por mí".
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