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DIOS PADRE, FUENTE Y ORIGEN DE LA LITURGIA La liturgia es en primer lugar y ante todo la obra de Dios a favor de los hombres. La alabanza divina siempre será una respuesta a los dones de Dios. Por eso en la liturgia siempre hay un doble movimiento: uno descendente y otro ascendente; el primero viniendo del Padre eterno, origen y fuente de toda vida; el segundo regresando a él en forma de petición, acción de gracias y alabanza. La palabra hebrea "barak" expresa ambos movimientos: la bendición de Dios y nuestra bendición a Dios en respuesta. Ambos movimientos de bendición se observan ya en la historia de Abraham: el hombre bendecido por Dios se convierte él mismo en una bendición. A través de su vida y oración devuelve a Dios su bendición por el camino de la gratitud. El Antiguo Testamento nos provee de prototipos de la liturgia cristiana. Jetró bendice a Dios cuando su yerno Moisés le relata cómo Dios liberó milagrosamente al pueblo del yugo de los egipcios. Luego Aarón y los ancianos de Israel comen tras la ofrenda de sacrificios a Dios. En ciertos episodios del Antiguo Testamento -como el citado del encuentro de Moisés con Jetróestá prefigurada la liturgia del Nuevo: la Liturgia de la Palabra trae a nuestra mente las maravillosas obras de Dios; el Prefacio alaba a Dios por todas sus bendiciones; el Sacrificio entrana acción de gracias y súplica; la celebración termina con el alimento que en nuestra Eucaristía es Cristo mismo, bendición de Dios. Lo que es nuevo en la liturgia cristiana es Cristo mismo. Él es la bendición de Dios, el perfecto regalo del Padre, y por Él bendecimos a Dios en el canto de alabanza de la Liturgia. Él es a la vez sacrificio y alimento. "Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha bendecido en Cristo con toda suerte de bendiciones espirituales". En la liturgia de la Iglesia, Dios Padre es bendecido y adorado como fuente de las bendiciones de la creación y la salvación con la que nos ha bendecido en su Hijo para otorgarnos el Espíritu de la adopción filial.
C.S. |
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