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DIOS CREADOR " En el principio creó Dios el cielo y la tierra". ¿A quién no conmueven estas palabras con las que comienza la Sagrada Escritura? La primera de todas las obras de Dios es la Creación. Es, de alguna manera, el modelo de todas sus demás acciones. Sin ella la redención y la salvación carecerían de fundamento. Este mundo, que Dios ha creado, también ha sido redimido mediante la muerte y resurrección de su Hijo. Como la liturgia, la catequesis y la predicación han comenzado durante siglos con la confesión de fe en Dios, creador de cielos y tierra. Sin la fe en Dios creador, carece de fundamento la fe en Jesucristo. Por eso es de tanta importancia la catequesis de la Creación. A la pregunta de por qué Dios creó el mundo el Catecismo responde que lo creó "Para su gloria". ¡Cuán a menudo ensalzamos la magnificencia de Dios en su creación!: "Los cielos cantan la Gloria de Dios". Dios creó todo de la nada no porque Dios necesite de nuestra alabanza para incrementar su gloria, sino por pura benevolencia, para comunicarnos la magnificencia de su bienaventuranza eterna. El mundo no es un producto de la mera casualidad sino la expresión de una donación libre de sabiduría y amor.
"Señor cuan grandes son tus obras. Todas las hiciste con sabiduría (salmo 104). El salmista reconoce lo que constantemente es dado por supuesto por nosotros. Obramos reconociendo que el universo se guía por leyes que intentamos descubrir. Toda nuestra concepción del universo se edifica sobre esta presuposición. Lo accidental no puede ser científicamente investigado, el orden sí. El orden es la expresión de una inteligencia que ordena. La creación revela la sabiduría del creador. Podemos llegar a ser receptivos del lenguaje de la creación pero nunca sin purificar nuestras perspectivas y nuestros corazones. Cuando estamos bajo el hechizo de nosotros mismos, obsesionados por el deseo y la codicia, la creación no se despliega ante nosotros en toda su pureza. Sólo quien se libra de sí mismo comienza a percibir las cosas creadas de forma adecuada. El creador comienza a hablarle en el lenguaje de sus criaturas, y la alabanza del creador brota en su corazón. Cuando Francisco oró el Cántico de las Criaturas estaba atormentado por el dolor y casi ciego. El sufrimiento y la adversidad le habían purificado hasta tal punto que podía percibir el lenguaje del amor de Dios en toda la Creación, más allá del dolor.
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